Los bosques del mundo son una vasta red de sumideros de carbono que almacenan carbono en la atmósfera y amenazan los sistemas globales. Muchas políticas climáticas corporativas, nacionales y subnacionales dependen de la capacidad de los bosques para almacenar carbono, a menudo rastreado y financiado a través de un sistema de «créditos de carbono» que se otorgan a corporaciones contaminantes a cambio de proteger y restaurar los bosques.
Pero cuando los árboles mueren (debido a incendios forestales, sequías o insectos) liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero, lo que exacerba el cambio climático. Y el calentamiento del aire acelera este problema haciéndose cada vez más difícil, pero sólo en algunos lugares y no en otros.
Científicos de la Universidad de Utah y UC Santa Bárbara, en colaboración con expertos internacionales, intentaron determinar qué bosques podrán liberar el carbono almacenado durante los próximos 100 años y qué tan apropiados son los sistemas actuales de créditos de carbono para esos problemas.
Los resultados, publicados en Nature, muestran que hay áreas en Estados Unidos donde las emisiones de carbono provenientes de enfermedades de la espalda son mayores de lo que se considera actualmente en los sistemas de créditos de carbono. Esto es especialmente cierto en el árido oeste americano. Afortunadamente, los investigadores señalan formas de solucionarlo.

